
La gastronomía francesa a logrado, por meritos propios, convertirse en una de las más prestigiosas del mundo. Los chefs de este país siempre han mostrado un especial interés por estudiar los métodos de cocción y las cualidades de los alimentos, con el objetivo de lograr el máximo refinamiento. El ejemplo más ilustre es el movimiento de la nouvelle cuisine, principal influencia de la alta cocina actual. Sin embargo, la fama de la gastronomía gala también se apoya en la riqueza y diversidad de las cocinas regionales, la indudable calidad de sus vinos y quesos, o el gusto de los franceses por el buen comer. La habilidad para transformar la privilegiada riqueza natural de sus tierras y costa en refinadas recetas ha provocado que los gastrónomos del mundo se confiesen en perpetua deuda con este país.